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![]() ![]() ![]() ![]() ![]() Fecha de Ingreso: 13-December-2006
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![]() ![]() ![]() ![]() ![]() ![]() | Charles Baudelaire: LAS FLORES DEL MAL (primera parte) I LA DESTRUCCIÓN El demonio se agita a mi lado sin cesar; flota a mi alrededor cual aire impalpable; lo respiro, siento cómo quema mi pulmón y lo llena de un deseo eterno y culpable. A veces toma, conocedor de mi amor al arte, la forma de la más seductora mujer, y bajo especiales pretextos hipócritas acostumbra mi gusto a nefandos placeres. Así me conduce, lejos de la mirada de Dios, jadeante y destrozado de fatiga, al centro de las llanuras del hastío, profundas y desiertas, y lanza a mis ojos, llenos de confusión, sucias vestiduras, heridas abiertas, ¡y el aderezo sangriento de la destrucción! II UNA MÁRTIR Dibujo de un maestro desconocido En medio de frascos, telas sedosas, y muebles voluptuosos, de mármoles, pinturas, ropas perfumadas, que arrastran los pliegues suntuosos, en una alcoba tibia como en un invernadero, donde el aire es peligroso y fatal, donde lánguidas flores en sus ataúdes de cristal exhalan su suspiro postrero, un cadáver sin cabeza derrama, como un río, en la almohada empapada, una sangre roja y viva, que la tela bebe con la misma avidez que un prado. Parecida a las tétricas visiones que engendra la oscuridad y que nos encadenan los ojos, la cabeza, con la masa de su crin sombreada, y de sus joyas preciosas, en la mesilla de noche, como una planta acuática, reposa, y, vacía de pensamientos, una mirada vaga y blanca como el crepúsculo escapa de sus ojos extraviados. En el lecho, el tronco desnudo, sin pudor, en el más completo abandono, muestra el secreto esplendor y la belleza fatal que la naturaleza le donó. Una media rosada, adornada con hilo de oro, en la pierna ha quedado cual recuerdo. La liga, al igual que un ojo secreto que llamea, lanza una mirada diamantina. El singular aspecto de esta soledad y de un gran retrato voluptuoso, de ojos provocativos como su actitud revela un amor tenebroso, una culpable alegría y fiestas extrañas, llenas de besos infernales, que regocijarán a los ángeles malos nadando entre cortinas y chales. Sin embargo, al ver la esbeltez elegante del hombro y su trazo quebrado, la cadera levemente afilada, y la cintura ágil lo mismo que un reptil irritado, se advierte que ella es joven aún. —Su alma exasperada y sus sentidos mordidos por el tedio, ¿se habían entregado a la jauría enfurecida de deseos errantes y perdidos? III LESBOS Madre de los latinos y los griegos deleites, Lesbos, donde los besos, lánguidos o incendiados, cálidos como soles, frescos como sandías, son ornato de noches y de días gloriosos; madre de los latinos y los griegos deleites; Lesbos, donde los besos son como esas cascadas que, sin miedo, se lanzan a simas profundísimas y corren sollozantes, con gritos sofocados, borrascosos y ocultos, profundos y hormigueantes; Lesbos, donde los besos son como esas cascadas. Lesbos, donde las Frinés mutuamente se atraen, donde nunca ha quedado un suspiro sin eco, a Pafos semejante los astros te proclaman ¡y de Safo celosa Venus puede sentirse! Lesbos, donde las Frinés mutuamente se atraen, Lesbos, tierra de noches lánguidas y abrasadas, que hacen que en sus espejos, oh infecundo placer, las niñas de sus propios cuerpos enamoradas palpen los frutos gráciles de sus núbiles cuerpos; Lesbos, tierra de noches lánguidas y abrasadas, Deja al viejo Platón fruncir su ceño austero; de los besos innúmeros obtienes tu perdón, reina del dulce imperio, noble y amante tierra, inagotable siempre en tus refinamientos, deja al viejo Platón fruncir su ceño austero. Tú obtienes el perdón del eterno martirio sin cesar infligido a las almas intrépidas, que aleja de nosotros la sonrisa radiante vagamente entrevista al borde de otro espacio. ¡Tú obtienes el perdón del eterno martirio! ¿Cuál, Lesbos, de los dioses, osará ser tu juez y condenar tu frente que arrugaron las penas, si sus áureas balanzas no han pesado el diluvio de llanto que a los mares tus arroyos vertieron? ¿Cuál, Lesbos, de los dioses, osará ser tu juez? ¿Qué quieren de nosotros leyes justas o injustas? Honor del Archipiélago, vírgenes de alma noble, como no importa cuál, es regio vuestro culto, ¡y se reirá el amor del Cielo y del Infierno! ¿Qué quieren de nosotros leyes justas o injustas? Pues Lesbos, entre todos, me ha elegido en la tierra para cantar lo oculto de sus floridas vírgenes, y fui desde la infancia admitido al misterio de sofocadas risas y de llantos sombríos; pues Lesbos, entre todos, me ha elegido en la tierra. Y desde entonces velo en la cumbre del Léucate como vigía de ojo seguro y penetrante, que acecha noche y día brick, tartana o fragata, cuyas lejanas formas en el azul titilan; y desde entonces velo en la cumbre del Léucate, Para saber si el mar es indulgente y bueno, y en medio de los ayes que en la roca resuenan, un día devolverá hacia Lesbos, que olvida, el cadáver amado de Safo, que partiera ¡para saber si el mar es indulgente y bueno! De Safo, la viril, que fue amante y poeta, ¡más hermosa que Venus en su triste blancor! —El azul se somete al negro que salpica el tenebroso círculo que el dolor dibujó ¡de Safo, la viril, que fue amante y poeta! —Más hermosa que Venus presentándose al mundo y mostrando el tesoro de su serenidad y el destello radiante de su juventud rubia, sobre el viejo Océano, prendado de su hija; ¡más hermosa que Venus presentándose al mundo! —De Safo que murió el día de su blasfemia, cuando insultando el rito y el culto establecidos, entregó como pasto supremo su belleza a un bruto cuyo orgullo castigó la impiedad de aquella que murió el día de su blasfemia. Y desde entonces Lesbos se lamenta sin tregua, y a pesar de las honras que los mundos le rinden, cada noche se embriaga con la voz turbulenta que alzan hacia los cielos sus desiertas riberas ¡y desde entonces Lesbos se lamenta sin tregua! El hombre vengativo al que no pudiste, viviendo, a pesar de tanto amor, aplacar, ¿sació en tu carne, inerte y complaciente, toda la inmensidad de su deseo? ¡Responde, cadáver impuro! ¿Por tus rígidas trenzas te levantó con brazo febril? Dime, cabeza horrible, ¿en tus fríos dientes hay aún sus últimos adioses? —Lejos del mundo burlón, lejos de la multitud impura, lejos del magistrado curioso, duerme en paz, duerme en paz, extraña criatura, en tu sepulcro misterioso; tu esposo corre el mundo, y tu forma inmortal vela junto a él cuando duerme; lo mismo que tú sin duda te será fiel y constante hasta la muerte. IV MUJERES CONDENADAS Como un rebaño pensativo sobre la arena acostadas, entornan los ojos hacia el horizonte marino, y sus pies que se buscan y sus manos enlazadas tienen dulces languideces, amargos escalofríos. Unas, corazones que aman las largas confidencias, en el corazón de los bosques y junto a los arroyos, deletrean el amor de las tímidas infancias y marcan en el tronco los jóvenes arbolillos; otras, como hermanas, andan lentas, graves, a través de las rocas llenas de apariciones, donde san Antonio vio surgir como lavas, desnudo el seno, a sus purpúreas tentaciones. Las hay que a la lumbre de resinas goteantes, en el hueco mudo de los viejos antros paganos, te llaman en socorro de sus fiebres aullantes, ¡oh Baco, adormecedor de viejos remordimientos! Y otras, cuya garganta gusta de escapularios, que, ocultando un látigo bajo sus largos vestidos, mezclan en la noche oscura y los bosques solitarios espuma del placer y lágrimas de la tortura. ¡Oh vírgenes, oh demonios, oh monstruos, oh mártires!, grandes espíritus negadores de la realidad, buscadores de lo infinito, devotos y sátiros, ora llenos de furor, ora llenos de llanto, vosotras, a las que en vuestro infierno mi alma os ha seguido, pobres hermanas, os amo tanto como os compadezco por vuestras dolorosas tristezas, vuestra sed no saciada, y las urnas de amor que llenan vuestro corazón. V LAS DOS BUENAS HERMANAS La Licencia y la Muerte son dos buenas muchachas, pródigas de sus besos y ricas en salud; su flanco siempre virgen y cubierto de hilachas, con la eterna labor que jamás dio a luz. Al poeta siniestro, enemigo del hogar, favorito del infierno, cortesano sin más, tumbas y lupanares le muestran tras su vallado un lecho que el remordimiento no frecuenta jamás. Y el ataúd y la alcoba con grandes blasfemias nos ofrecen alternando como buenas hermanas terribles placeres y horribles deleites. ¿Cuándo quieres enterrarme, Vicio de brazos inmundos? Muerte, su rival en atractivos, ¿cuándo vendrás a plantar tus negros cipreses sobre sus mirtos fétidos? VI LA FUENTE DE SANGRE A veces siento mi sangre correr en oleadas, lo mismo que una fuente de rítmicos sollozos; la oigo correr en largos murmullos, pero en vano me palpo para encontrar la herida. A través de la ciudad, como un campo cerrado, va transformando las piedras en islotes, saciando la sed de cada criatura, y coloreando en rojo toda la natura. A menudo he pedido a estos vinos aplacar por un solo día el terror que me roe; el vino torna el mirar más claro y más fino el oído. He buscado en el amor un sueño de olvido; mas para mí el amor es un lecho punzante, hecho para dar de beber a esas putas crueles. |
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| | #2 |
| Fecha de Ingreso: 20-June-2007
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amigo exelente seleccion, sin lugar a dudas un gran aporte.espero continuacion |
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| | #3 |
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![]() ![]() ![]() ![]() ![]() ![]() | BIOGRAFIA CHARLES BAUDELAIRE Nace en París el 9 de abril de 1821. Su padre, Joseph François, era un sacerdote que había colgado los hábitos. Hombre de amplia cultura, fue luego preceptor, profesor de dibujo, pintor y jefe del Despacho de la Cámara de los Pares. Fue quien le enseñó las primeras letras. Cuando nació Baudelaire tenía más de sesenta años y otro hijo de su primer matrimonio llamado Claude Alphonse. Su madre, Caroline Archimbaut-Dufays, no había cumplido los treinta años al nacer el poeta. Hija de emigrados franceses a Londres durante la revolución del 93, enseñó inglés a su hijo. Es criado por Mariette, sirvienta de la familia, a la que evoca en el poema "A la sirvienta de gran corazón que te daba celos" de su conocido poe***** Las flores del mal. El poeta tiene 6 años cuando su padre muere en 1827 dejando una discreta herencia. Su viuda se cambia de domicilio y a los veinte meses de enviudar, contrae matrimonio con el comandante Jacques Aupick, vecino suyo, de cuarenta años, un oficial que llegará a ser general comandante de la plaza fuerte de París. Este nuevo matrimonio de su madre producirá un profundo impacto emocional en Baudelaire, que lo vivió como un abandono, manifestando siempre aversión por este padrastro con el que nunca llegará a tener buenas relaciones. En 1830 con las jornadas revolucionarias Aupick es ascendido a teniente coronel por su participación en la campaña de Argelia, y dos años después nombrado jefe de Estado Mayor y se traslada con su familia a Lyon, donde vivirá cuatro años. Se forma un consejo de familia para decidir sobre el futuro del niño, que inicia sus estudios en el Colegio Real de Lyon, de cuyo ambiente no guardará buen recuerdo: se aburre y escapa soñando de su en cierro, dando rienda suelta a su imaginación. En 1836 Aupick asciende a general de Estado Mayor, volviendo con su familia a París, donde el niño es internado en el Colegio Louis-le-Grand. Su madre se va volviendo cada vez más rígida y puritana, haciéndose a la personalidad de Aupick. Durante dos años y medio permanece en el Colegio Louis-le-Grand. Allí lee a Sainte-Bauve, a Chenier y a Musset, a quien criticará mucho más tarde. Es expulsado del colegio por una falta cuyo carácter se desconoce. En agosto obtiene el título de Bachiller superior. En 1840, con 19 años, se matricula en la Facultad de Derecho, comienza a frecuentar a la juventud literaria del Barrio Latino y entabla sus primeras amistades literarias con Gustave Le Vavasseur y Ernest Prarond. También conoce a Gérard de Nerval, de Sainte-Beuve, de Théodore de Banville y a Balzac y empieza a publicar en los periódicos en colaboración y anónimamente. Intima con Louis Menard, dedicado a la vivisección de animales y a la taxidermia. Comienza también a llevar una vida disipada, caracterizada por sus continuos choques con el ambiente familiar y por su inclinación hacía las drogas y el ambiente bohemio. Empieza a frecuentar los prostíbulos. Mantiene una extraña relación con una prostituta judía del Barrio Latino llamada Sarah, a la que denomina Louchette por su bizquera, y que probablemente contagió su sífilis al poeta. Aparece en el poema "Una noche que estaba junto a una horrible judía" de Las flores del mal. Sus calaveradas horrorizan a su familia burguesa, especialmente al probo militar que es Aupick. A pesar de que su padrastro le apoya, rechaza entrar en la carrera diplomática. No quiere ser sino escritor. La conducta desordenada del joven mueve a sus padres a distanciarle de los ambientes bohemios de París. Le envían a Burdeos para que embarque en el paquebote Mares del Sur, al mando del comandante Sauer, en una travesía que había de llevarle a Calcuta y durar dieciocho meses. Viaja con comerciantes y oficiales. El joven Baudelaire adopta actitudes provocativas e impertinentes; se siente aislado y sólo habla para expresar su deseo de regresar a París. El barco ha de afrontar una violentísima tempestad. Estancia en la isla Mauricio, al este de Madagascar, donde conoce a una señora casada para quien escribe "A una dama criolla". Asustado el comandante del barco por el efecto psicológico negativo que el viaje produce en el poeta, consiente en hacerle regresar a Francia desde la isla Reunión en otro barco, L´Alcide. Escribe "El albatros". El viaje dura desde finales de marzo de 1841 hasta febrero de 1842. Para alejarlo de este ambiente y librarse de este joven conflictivo, su familia lo envían a Calcuta, pero Baudelaire, nostálgico y enfermo se detiene en la Isla Mauricio y regresa a Francia. Un consejo de familia, bajo la presión del general Aupick, lo envía a las Indias, en 1841, a bordo de un navío mercante. Pero Charles Baudelaire no quiere probar la aventura en el confín del mundo. No desea más que la gloria literaria. Durante una escala en la Isla de la Reunión, no acude a presencia del capitán En 1842, nuevamente en París, entabla amistad con Thèophile Gautier y Thèodor de Banville. Alcanza la mayoría de edad, percibe la herencia paterna de 75.000 francos y se independiza. Abandona el piso familiar, instalándose en un pequeño apartamento. Reanuda su vida bohemia y ejerce de dandy. Vuelve al ambiente de los bajos mundos. Las mujeres que llenan este periodo de su vida son pequeñas aventureras y prostitutas, como Jeanne Duval, una actriz mulata que representa un papel muy secundario en un vodevil del Teatro Partenon a quien conoce en 1843. A pesar de la vulgaridad, de frecuentes desavenencias y de las infidelidades de la mulata, Baudelaire vuelve siempre a ella y durante toda su vida estaría ligado a este insignificante mujer. Desempeñará un papel fundamental en la vida del poeta. sus mejores poemas son paradójicamente el fruto de estos oscuros amores, que aparece en los poemas "Perfume exótico", "La cabellera", "Te adoro igual que a la bóveda nocturna", "Meterías al universo entero en tu callejuela", "Sed non satiata", "Con sus ropas ondulantes y nacaradas", "La serpiente que danza", "El vampiro", "Remordimiento póstumo", "El gato", "Duellum", "El balcón", "Un fantasma", "Te doy estos versos para que si mi nombre" y "Canción de primeras horas de la tarde". Probablemente inspira también al poeta los poemas "El bello navío", "La invitación al viaje" y "La Beatriz". Económicamente va de fracaso en fracaso, dilapidando la fortuna heredada de su padre. Baudelaire es brillante, de conversación sorprendente, pero su gran imaginación lo convierte en mitómano; su viaje a la India, sus amores inauditos, su vicio y perversidad, su homosexualismo, sus proyectos editoriales, formn parte de su vida. Dilapida la herencia y contrae numerosas deudas, por lo que su madre y el general Aupick obtienen en 1844 de los tribunales que sea inhabilitado y sometido a un consejo judicial. Su dinero pasa a ser administrado por su padrastro. Se le entrega una cantidad trimestral de seiscientos francos. Para eludir el control financiero publica anónimamente artículos en la prensa. En colaboración con Prarond escribe un drama en verso, Ideolus, que deja sin acabar. Baudelaire, privado de recursos y humillado, no se repondrá. Se ve obligado a rehuir a sus acreedores, mudándose, escondiéndose en casa de sus amantes, trabajando sin descanso sus poemas intentando mientras tanto ganarse la vida publicando. Baudelaire escribió sus primeros poemas a la vuelta de su viaje del Caribe aunque en un principio se dedicó sobre todo a la critica artística. Fruto de esto fue la publicación en 1846 de algunos de sus ensayos, llenos de sensibilidad y de penetración, bajo el titulo de "Los Salones". En ella loa a su amigo Delacroix, entonces aún muy discutido, critica a los pintores oficiales, y analiza las obras de otros artistas contemporáneos suyos como una serie sobre caricaturistas franceses, en los que defiende con pasión a Honoré Daumier. También se interesa por le pintor impresionista Edouard Manet y por la música de Wagner, de quien fue el primer introductor en Francia. Le escribió una carta expresándole su admiración, tras haber asistido a tres conciertos, además de un ensayo. Publica sonetos, uno de ellos, "A una dama criolla", con su verdadero nombre, así como un artículo sobre Balzac. Publica en Le Corsaire-Satan un conjunto de aforismos y en L´Espirit Public, Consejos a los jóvenes literatos. Fustiga a los autores moralistas y moralizantes. Aparece su novela corta "La fanfarlo", donde el poeta, tras el personaje de Samuel Cramer, se retrata como un dandy. En 1845, histérico, ensaya el suicidio en un cabaret ante un grupo de amigos, donde se hace un corte con un puñal. Su padrastro, por miedo al escándalo, le paga sus deudas y le lleva a vivir con él y con su madre en la elegante plaza Vendôme. Pero pronto volverá a vivir solo. Descubre la obra de Edgar Poe, que muere poco después y a quien no pudo conocer, a pesar de considerarle su alma gemela. Poe se le asemeja, y, durante diecisiete años, va a traducirla y revelarla. Así comienza a ganarse el reconocimiento de la crítica. Conoce a Marie Daubrun, muchacha bonita y honesta, actriz del Teatro de la Gaîte, que sostiene con su trabajo a su familia. El poeta sentirá por ella un amor platónico o una amistad idílica. Le dedicará el poema "Canto de otoño". Asiduo a círculos literarios y artísticos, uno de ellos en casa de Aglae Sabatier, llamada la Presidenta, amante de un banquero, por la que el poeta experimentará un amor ideal y platónico. A ella dedicará posteriormente los poemas "A la que es demasiado alegre", "Reversibilidad", "El alba espiritual" y "Confesión". Visita muy a menudo el salón de la viuda Marie Sabatier y conoce a Musset, Flaubert y Gautier, entre otros artistas. Un breve idilio con una mujer interesante, Madame Sabatier, amante de un amigo del poeta que reunía en su casa a un grupo de escritores y artistas, lo quiebra rápidamente. Cuando madame Sabatier accede a las pretensiones amorosas del poeta, éste la rechaza, pero sigue manteniendo con ella una entrañable amistad. Durante la revolución de 1848 Baudelaire es visto en las barricadas y tratando de agitar al pueblo para que fusilen a su padrastro. Publica en Le Salut Publique, periódico de tendencia socialista, y se afilia a la Sociedad Republicana Central, fundada por Blanqui. Durante la revolución hace amistad con el pintor Courbet, que pintará un retrato del poeta, y con Poulet-Malassis, también que participó activamente en la insurrección e influirá en su vida, será el editor de Las Flores del Mal, por lo que resultará multado. Cuando en 1851 Luis Napoleón da un golpe de estado y asume todos los poderes, lo que indigna a Baudelaire, quizá porque nombre a su padrastro embajador en Madrid. Aunque escribió sus poemas con 23 años, Las Flores del Mal, título que el editor le impusieron en lugar de Los limbos, que era el original, se publicaron en junio de 1857. Cuanto escribió hasta su muerte no sobrepaso este trabajo, son solo un complemento a su obra. Inmediatamente después el gobierno francés acusa al poeta de ofender la moral pública y juzgadas obscenas. El poeta fue procesado en medio del escándalo general. Aun cuando Baudelaire obtuvo el apoyo de sus colegas, seis de sus poemas fueron eliminados de las ediciones siguientes. La edición es confiscada por mandato judicial. Parece que el escándalo se inició desde el periódico conservador Le Figaro. En agosto, proceso de Baudelaire y de sus dos editores, que son condenados a sendas multas por ultraje a la moral pública y a las buenas costumbres. Se ordena la supresión de seis poemas ("Las joyas", "El leteo", "A la que es demasiado alegre", "Lesbos", "Mujeres condenadas", Delfina e Hipólita" y "Las metamorfosis del vampiro"). Baudelaire debe pagar una fuerte multa. Sólo Hugo (que le escribirá "Usted ama lo Bello. Deme la mano. Y en cuanto a las persecuciones, son grandezas. ¡Coraje!"), Sainte-Beuve, Teófilo Gautier y jóvenes poetas admirados le apoyan. A pesar de condenarle por obscenidad y blasfemia, en 1859 y 1860 el Ministerio de Instrucción Pública le concede por dos veces sedas ayudas de trescientos francos. Pero ante el público quedará identificado, aun mucho después de su muerte, con la depravación y el vicio. Amargado, incomprendido, Baudelaire se aísla aún más. En su soledad donde él se ha encerrado, dos luces: los escritos admirados de dos escritores todavía desconocidos, Stéphane Mallarmé y Paul Verlaine. Escribe un ensayo sobre Madame Bovary, de Flaubert, que también ha sido juzgado por inmoral. Empieza la época de sus enfermedades que durará hasta su muerte. Sufre trastornos nerviosos y dolores musculares. Se ahoga, sufre crisis gástricas y una sífilis contraida diez años antes reaparece. Para combatir el dolor, fuma opio, toma éter. Sufre el primer ataque cerebral. Físicamente, es una ruina. Recurre a cápsulas de éter para combatir el asma y al opio para los fuertes cólicos. Ante su precaria salud, pasa cortas estancias en Honfleur con su madre y en Alençon con su amigo y escritor Poulet-Malassis. Su próximo trabajo "Paraísos artificiales", escrito en 1860, es un relato de las experiencias personales del poeta con drogas como el opio. Da a conocer Encantos y torturas de un fumador de opio, sobre Thomas de Quincey, segunda parte de Los paraísos artificiales. En 1961 presenta su candidatura a la Academia Francesa. Desea rehabilitarse y obtener un salvoconducto de dignidad profesional y solvencia. Busca el reconocimiento oficial de su labor, más allá del círculo de los cafés literarios que empiezan a agobiarle. Fracasa en su postulación por la oposición y los consejos de los académicos. Nervioso, enfermizo, arruinado y desconocido, unido siempre a su mulata alcoholizada y luego parapléjica, Baudelaire arrastra una vida de fracasado. En 1864 viaja a Bégica, donde vivirá durante dos años en Bruselas. Allí trata de ganarse su vida dictado conferencias sobre arte, que son un fracaso y se unen a las anteriores. En la primavera decide ir a Bélgica, donde se se encontra su editor, a dar conferencias en los círculos intelectuales de diversas ciudades y a. Sólo llega a dar tres conferencias sobre Delacroix, Gautier y Los paraísos artificiales, con asistencia muy escasa de público. Intentar una edición de su obra completa pero fracasa y se venga de la falta de acogida escribiendo un panfleto titulado ¡Pobre Bélgica! En 1865 Mallarmé y Verlaine elogian Las flores del mal, pero Baudelaire desconfía de estos jóvenes poetas. Y no le faltaba razón porque, por el contrario, Los Pequeños Poemas en Prosa nunca supieron valorarlos. En su correspondencia expresa su deseo de recurrir al suicidio. Pese a una nueva subvención estatal, su economía es muy precaria. Miserable y con sífilis, su existencia es una gran ruina. Su salud está ya completamente minada y en 1866 sufre un ataque de parálisis general que lo deja casi mudo. Su madre viaja a Bruselas y de regreso a París interna a su hijo moribundo en un hospital. La enfermedad se agrava rápidamente, y su vida no es ya más que una lenta agonía que se prolonga durante un año. Para ayudarle a sobrellevar el dolor, sus amigos acuden junto a su lecho a interpretarle Wagner. Paralizado, mudo y medio imbécil, sobrevive varios meses hasta que el 31 de agosto de 1867 muere tristemente a los 46 años, en brazos de su madre en el mismo hospital en el que estaba ingresado. Fue enterrado en el cementerio de Montparnase, junto a la tumba de su padrastro, a quien siempre odió. Póstumamente, en 1868, se publicaron sus "Pequeños poemas en prosa". |
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| | #4 |
| Fecha de Ingreso: 20-June-2007
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Los poemas (las flores) fueron considerados «ofensas a la moral pública y las buenas costumbres» y su autor fue procesado. Ante tales acusaciones Baudelaire respondió: Todos los imbéciles de la burguesía que pronuncian las palabras: inmoralidad, moralidad en el arte y demás tonterías me recuerdan a Louise Villedieu, una puta de a cinco francos, que una vez me acompañó al Louvre donde ella nunca había estado y empezó a sonrojarse y a taparse la cara. Tirándome a cada momento de la manga, me preguntaba ante las estatuas y cuadros inmortales cómo podían exhibirse públicamente semejantes indecencias. |
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| | #5 |
![]() ![]() ![]() ![]() ![]() Fecha de Ingreso: 13-December-2006
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![]() ![]() ![]() ![]() ![]() ![]() | Y eso es lo que me gusta mas de su poesía la irreberencia con la vivió, esta es una de las obras talvez mas conocidas. |
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| | #6 |
| Fecha de Ingreso: 20-June-2007
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es verdad una vida licenciosa, bohemia pero no por eso menos interesante y cada instante de esta vida queda reflejada en su poesia
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| | #7 |
![]() ![]() ![]() ![]() ![]() Fecha de Ingreso: 13-December-2006
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![]() ![]() ![]() ![]() ![]() ![]() | Asi es don Helmer coincido con usted mañana pongo la segunda parte. |
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| | #8 |
![]() ![]() ![]() ![]() ![]() Fecha de Ingreso: 13-December-2006
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![]() ![]() ![]() ![]() ![]() ![]() | LAS FLORES DEL MAL (segunda parte y final) VII ALEGORÍA Es hermosa mujer, de buena figura, que arrastra en el vino su cabellera. Las garras del amor, los venenos del garito, todo resbala y se embota en su piel de granito. Se ríe de la Muerte y desprecia la Lujuria, y ambas, que todo inmolan a su ferocidad, han respetado siempre en su juego salvaje, de ese cuerpo firme y derecho la ruda majestad. Anda como una diosa y reposa como una sultana; tiene por el placer una fe mahometana, y en sus brazos abiertos que llenan sus senos atrae con la mirada a toda la raza humana. Ella cree, ella sabe, ¡doncella infecunda!, necesaria no obstante a la marcha del mundo, que la belleza del cuerpo es sublime don, que de toda infamia asegura el perdón. Ignora el infierno igual que el purgatorio, y cuando llegue la hora de entrar en la noche negra, mirará de la Muerte el rostro, como un recién nacido, sin odio ni remordimiento. VIII LA BEATRIZ En terrenos de ceniza, calcinados, sin verdores, mientras me lamentaba un día a Naturaleza, y mi pensamiento vagaba al azar, sintiendo en mi corazón clavarse el puñal, vi, en pleno mediodía, descender sobre mi cabeza una oscura nube grande y tempestuosa, que llevaba un rebaño de viciosos demonios, parecidos a enanos crueles y curiosos. Pusiéronse a contemplarme friamente y, como hablando de algún loco que pasa, les oía reír y murmurar entre sí, y cambiar más de un guiño y más de un ademán. «Contemplemos a gusto esta caricatura, esta sombra de Hamlet que imita su gesto, la mirada indecisa y los cabellos al viento, ¿no da pena ver a ese vividor, ese vago, ese histrión sin teatro, ese gracioso, que porque sabe representar con arte su papel, quiere interesar con sus cantos de dolor a las águilas, grillos, arroyos y flores, e incluso a nosotros, autores de estas viejas rimas, y recitarnos a gritos sus públicas parrafadas? » Hubiera podido (mi orgullo, alto como el monte, domina la nube y el clamor de los demonios) volver simplemente mi cabeza serena, si no hubiese entre su tropa obscena, ¡crimen que no hizo tambalear al sol!, la reina de mi corazón, de mirada sin igual, que se reía con ellos de mi sombría tristeza y les hacía, a veces, alguna sucia caricia. IX LA METAMORFOSIS DEL VAMPIRO La mujer nos decía con su boca de fresa, ondulante, acechante, entre sierpe y tigresa, los senos oprimidos a punto de estallar, estas palabras que ella dejaba resbalar: "Yo tengo el labio húmedo y conozco la ciencia que en el fondo del lecho diluye la conciencia. Enjuga todo llanto la gloria de mis senos que hacen reír a los viejos igual que a niños buenos. ¡Y soy para quien sepa contemplarme sin velos la luna, y soy el sol, las estrellas, los cielos! Tan docta soy amando, queridos sabihondos, cuando un hombre aprisiono en mis brazos redondos o cuando a sus mordiscos abandono mi pecho, frágil y libertina a la vez, que en mi lecho, gustador del deleite que raya en frenesí, hasta los mismos ángeles se perdieron por mí." Cuando toda la médula succionó de mis huesos, y sobre ella rendido quise darle mis besos, advertí que en sus flancos —todo fue en un momento— resbalaba un humor viscoso, purulento. Cerré entonces los ojos de frío y de terror, y al abrirlos de nuevo al vivo resplandor, junto a mí, y en lugar del maniquí gozado que parecía haberse ya de sangre saciado, temblaba un esqueleto, produciendo un crujido como el de esa veleta que da un agrio chirrido, o el rótulo hecho trizas del umbral del infierno tremolando en el viento de una noche de invierno. X UN VIAJE A CYTEREA Mi corazón, como un pájaro, revoloteaba feliz, y volaba libremente alrededor de las cuerdas; el navío corría bajo un cielo sin nubes, como ángel embriagado de un sol radiante. ¿Qué isla es ésta tan negra y triste? —Es Cyterea, nos dicen, un país famoso en las canciones, Eldorado trivial de todos los solterones. Mirad, después de todo es una pobre tierra. —¡Isla de dulces secretos y de fiestas del corazón! De la antigua Venus el soberbio fantasma, más allá de tus mares flota como un aroma, y llena los espíritus de amor y languidez. Bella isla de verdes mirtos, llena de capullos en flor, siempre venerada por todas las naciones, donde los suspiros de amantes corazones avanzan como el incienso por jardines de rosas o el eterno arrullo de la paloma torcaz. —Cyterea no era más que una tierra pobre, un desierto rocoso turbado por gritos feroces. ¡Sin embargo, presentía yo allí algo singular! Aquello no era un templo de sombras selváticas, donde la joven sacerdotisa, eterna enamorada de las flores, iba, el cuerpo ardiente por calores secretos, entreabriendo sus ropas a las brisas ligeras; pero, he aquí que rozando la costa el bauprés, al asustar los pájaros con nuestras velas blancas, pudimos ver que era un patíbulo de tres zancas, destacado en el cielo, negro como un ciprés. Las aves rapaces, posadas en su cumbre, destrozaban con furia a un ahorcado ya podrido: cada una hundía, como un clavo, su impuro pico en los rincones sangrientos de aquella podredumbre. Eran los ojos agujeros, y del vientre desfondado los gruesos intestinos caían sobre los muslos; y sus verdugos, ahítos de espantosas delicias, a picotazos lo habían castrado por completo. Bajo los pies, una manada de celosos cuadrúpedos levantado el hocico, merodeaba; una bestia más grande se agitaba en el centro, como un verdugo rodeado de auxiliares. ¡Oh habitante de Cyterea, de un cielo tan hermoso, silenciosamente sufrías estos insultos en una expiación de tus infames cultos, y los pecados que te impidieron el descanso eterno! ¡Ridículo ahorcado, tus dolores son los míos! Yo sentí, a la vista de tus miembros flotantes, como un vómito subir hasta mis dientes el largo río de hiel de mis antiguos dolores. Ante ti, pobre diablo, tan caro de recordar, sentí todos los picos y todos los mordiscos de los cuervos fieros y de las panteras negras, que antaño tanto gozaban en machacar mi carne. El cielo estaba embrujado, la mar en calma; para mí todo era negro y sangriento para siempre, ¡ay!, y tenía, como en un espeso sudario, el corazón amortajado en esta alegoría. En tu isla, oh Venus, no encontré en mi viaje más que un patíbulo simbólico donde colgaba mi imagen... —¡Oh Señor! Dame la fuerza y el coraje ¡de contemplar mi cuerpo y mi alma sin asco! XI EL AMOR Y EL CRÁNEO Viñeta antigua El amor está sentado en el cráneo de la Humanidad, y desde este trono, el profano de risa desvergonzada, sopla alegremente redondas pompas que suben en el aire, como para alcanzar los mundos en el corazón del éter. El globo luminoso y frágil toma un gran impulso, estalla y exhala su alma delicada, como un sueño de oro. Y oigo el cráneo a cada burbuja rogar y gemir: —Este juego feroz y ridículo, ¿cuándo acabará? Pues lo que tu boca cruel esparce en el aire, monstruo asesino, es mi cerebro, ¡mi sangre y mi carne! |
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| | #9 |
![]() ![]() ![]() ![]() ![]() Fecha de Ingreso: 13-December-2006
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![]() ![]() ![]() ![]() ![]() ![]() | FRAGMENTOS DE SUS POEMAS LETANÍAS DE SATÁN Oh tú, el ángel más bello y asimismo el más sabio Dios privado de suerte y ayuno de alabanzas, ¡Oh Satán ten piedad de mi larga miseria! Príncipe del exilio, a quien perjudicaron, y que, vencido, aún te alzas con más fuerza, ¡Oh Satán ten piedad de mi larga miseria! Tú que todo lo sabes, oh gran rey subterráneo, familiar curandero de la angustia del hombre, ¡Oh Satán ten piedad de mi larga miseria! Tú que incluso al leproso y a los parias más bajos solo por amor muestras el gusto del Edén, ¡Oh Satán ten piedad de mi larga miseria! Oh tú que de la muerte, tu vieja y firme amante, engendras la Esperanza- ¡esa adorable loca! ¡Oh Satán ten piedad de mi larga miseria! Tú que das al proscrito esa altiva mirada que en torno del cadalso condena a un pueblo entero ¡Oh Satán ten piedad de mi larga miseria! [...] Tú, que en el corazón de las putas enciendes el culto por las llagas y el amor a los trapos ¡Oh Satán ten piedad de mi larga miseria! Báculo de exiliados, lámpara de inventores, confidente de ahorcados y de conspiradores, ¡Oh Satán ten piedad de mi larga miseria! Padre adoptivos de aquellos que, en su cólera, del paraíso terrestre arrojó Dios un día, ¡Oh Satán ten piedad de mi larga miseria! Oración Gloria y loor a ti, Satán, en las alturas del cielo donde reinas y en las profundidades del infierno en el que sueñas, vencido y silencioso, haz de mi alma, bajo el Árbol de la Ciencia, cerca de ti repose, cuando, sobre tu frente, como una Iglesia nueva sus ramajes expandan. |
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| | #10 |
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![]() ![]() ![]() ![]() ![]() ![]() | LA SERPIENTE QUE DANZA ¡Cuánto me gusta ver, querida indolente, de tu cuerpo tan bello, como una tela vacilante, resplandecer tu piel! Sobre tu abundante cabellera De agrios perfumes, Mar oloroso y vagabundo De olas azules y oscuras, Como un navío que se despierta Al viento de la mañana, Mi alma soñadora se prepara para partir Hacia un cielo lejano. Tus ojos, donde nada se revela De dulce ni de amargo, Son dos joyas frías donde se mezcla El oro con el hierro. Al verte caminar con cadencia, Bella en tu abandono, Se diría que eres una serpiente que danza En el extremo de un bastón. Bajo el fardo de tu pereza Tu cabeza infantil e balancea con la blandura De un joven elefante, Y tu cuerpo se inclina y se prolonga Como un fino navío Que se balancea de borda a borda y sumerge Sus vergas en el agua. |
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| | #11 |
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![]() ![]() ![]() ![]() ![]() ![]() | EPÍGRAFE PARA UN LIBRO CONDENADO Lector apacible y bucólico, Sobrio e ingenuo hombre de bien, Tira este libro saturnal, Orgiástico y melancólico. Si no has estudiado retórica Con Satán, el astuto decano, ¡tíralo!, no entenderías nada, o me creerías histérico. Mas si, sin dejarse hechizar, Tus ojos saben hundirse en los abismos, Léeme para aprender a amarme; Alma singular que sufres Y vas buscando tu paraíso, ¡compadéceme!... si no, ¡te maldigo! |
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| | #12 |
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![]() ![]() ![]() ![]() ![]() ![]() | HIMNO A LA BELLEZA ¿Bajas del hondo cielo o emerges del abismo, Belleza? Tu mirada, infernal y divina confusamente vierte crimen y beneficio por lo que se te podría al vino compararte. Albergas en tus ojos al poniente y a la aurora, cual tarde huracanada exhalas tu perfume; son un filtro su besos y un ánfora tu boca que hacen cobarde al héroe y al niño valeroso. ¿Del negro abismo emerges o bajas de los astros? Como un perro, el Destino sigue ciego tu falda, al azar vas sembrando el luto y la alegría y todo lo gobiernas sin responder a nada. Caminas sobre los muertos, Belleza, y de ellos te ríes; el Horror, de tus joyas no es la más hermosa y el Crimen, entre todas tus costosas preseas danza amorosamente entre tu vientre triunfal. [...] Qué tu llegues del cielo o el infierno, ¿qué importa? Belleza, inmenso monstruo, pavoroso e ingenuo, si tu mirar, tu risa, tu pie, me abren las puertas de un infinito que amo y nunca conocí. Satánica o divina, ¿qué importa?, Ángel, Sirena, ¿qué importa? Si tu vuelves, hada de ojos de raso, resplandor, ritmo, aroma, ¡oh mi señora única! Menos odioso el mundo, más ligero el instante. |
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| | #13 |
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![]() ![]() ![]() ![]() ![]() ![]() | CORRESPONDENCIAS La creación es un templo de pilares vivientes que a veces salir deja sus palabras confusas; el hombre la atraviesa entre bosques de símbolos que le contemplas con miradas familiares. Como los largos ecos de lejos se mezclan en una tenebrosa y profunda unidad, vasta como la luz, como la luz vasta, se responden sonidos, colores y perfumes. Hay perfumes tan frescos como carne de niños, dulces tal los oboes, verdes tal las praderas - y hay otros corrompidos, ricos y triunfantes, que tienen la expansión de las cosas infinitas como el almizcle, el ámbar, el benjuí y el incienso, que cantan los transportes de sentidos y espíritu. |
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| | #14 |
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![]() ![]() ![]() ![]() ![]() ![]() | EL ENEMIGO Mi juventud no fue sino una tenebrosa tormenta, Atravesada aquí y allá por brillantes soles; El rayo y la lluvia han causado tal estrago Que en mi jardín quedan muy pocos frutos bermejos. He aquí que he alcanzado el otoño de las ideas, Y que es preciso usar la pala y el rastrillo Para reunir de nuevo las tierras inundadas, Donde el agua abre agujeros tan grandes como tumbas. ¿Y quién sabe si las flores nuevas con que sueño encontrarán en este suelo deslavazado como un arenal el místico alimento que les daría vigor? -¡Oh, dolor!, ¡oh, dolor! El tiempo se come la vida y el oscuro Enemigo que nos roe el corazón crece y se fortalece con la sangre que perdemos |
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| | #15 |
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![]() ![]() ![]() ![]() ![]() ![]() | ECTOR Afanan nuestras almas, nuestros cuerpos socavan la mezquindad, la culpa, la estulticia, el error, y, como los mendigos alimentan sus piojos, nuestros remordimientos complacientes nutrimos. Tercos en los pecados, laxos en los propósitos, con creces nos hacemos pagar lo confesado y tornamos alegres al lodoso camino creyendo, en viles lágrimas, enjugar nuestras faltas. En la almohada del mal, es Satán Trimegisto quien con paciencia acuna nuestro arrobado espíritu y el precioso metal de nuestra voluntad, íntegro se evapora por obra de ese alquímico. ¡El diablo es quien maneja los hilos que nos mueven! A los objetos sórdidos les hallamos encanto e, impávidos, rodeados de tinieblas hediondas, bajamos hacia el Orco un diario escalón. Igual al absoluto que besa y mordisquea el lacerado seno de una vieja ramera, si una ocasión se ofrece de placer clandestino la exprimimos a fondo como una seca naranja [...] Si el veneno, el puñal, el incendio, el estupro, no adornaron aún con sus raros dibujos el banal cañamazo de nuestra pobre suerte, es por que nuestro espíritu no fue bastante osado. Mas, entre los chacales, entre las panteras y los linces los simios, las serpientes, escorpiones y buitres, los aulladores monstruos, silbantes y rampantes, en la, de nuestros vicios, infernal mezcolanza. ¡Hay uno más malvado, más lóbrego e inmundo! Sin que haga feas muecas ni lance toscos gritos convertiría con gusto, a la tierra en escombro y, en medio de un bostezo, devoraría al Orbe; ¡Es el tedio!- Anegado de un llanto involuntario, imagina cadalsos, mientras fuma su yerba. Lector, tu bien conoces al delicado monstruo -¡Hipócrita lector- mi prójimo- mi hermano! |
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| | #16 | |
| Yugo de los Miser@bles ![]() ![]() ![]() ![]() ![]() ![]() ![]() Fecha de Ingreso: 31-December-1969
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| | #17 |
| Fecha de Ingreso: 20-June-2007
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| | #18 |
![]() ![]() ![]() ![]() ![]() Fecha de Ingreso: 13-December-2006
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![]() ![]() ![]() ![]() ![]() ![]() | que tal mandinga no le conocía esta faceta se me esta ablandando.... |
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| | #19 |
![]() ![]() ![]() ![]() Fecha de Ingreso: 28-April-2007
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![]() | ja jaj aja, un libro que no podia faltar en este foro |
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| | #20 |
![]() ![]() ![]() ![]() Fecha de Ingreso: 28-April-2007
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![]() | ... pero lejos me quedo con nuestro tiernos botones de flor que estan en los files |
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y así lograr una óptima navegación.