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| Fecha de Ingreso: 30-May-2009 Ubicación: Somewhere.
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![]() | El Caballero de la Armadura de Lata.
El caballero de la armadura de lata. Érase una vez un joven caballero, crecido en una ciudad muy pobre. El caballero tenía esperanzas, y sueños. Soñaba con ser héroe; soñaba con matar dragones, y rescatar princesas. Soñaba con enfrentarse al caballero oscuro en el campo de batalla, y, con la frente en alto, batirse en singular duelo. Entrenó arduamente día y noche; templó su cuerpo ante la adversidad y se volvió frío como la piedra. Dejó que el granizo y la tormenta azotaran sobre él como al brisa oscura que atormenta a un hombre en un sueño inquieto. Resistió la noche de los tiempos, alumbrando su camino con la verdad de sus ojos; mas en su alma había solo oscuridad. El caballero no tenía armadura. Después de completar su entrenamiento, decidió que su vida no tenía sentido. ¿Cómo podía tenerlo, si no tenía armadura? ¿De qué valían esas horas nocturnas de tanto dolor si lo que lo convertía en caballero, no existía? Fue, pues, donde un gran sabio, dueño de todo el conocimiento; y en sus brazos, aprendió gran saber. Fue amigo del sabio, y lo asistió en muchas empresas honorables; hasta que su nombre adquirió gran fama. Eventualmente, fue reconocido de aquende a allende; y pasado mucho tiempo, el sabio le dijo; -Joven caballero, has completado para mi muchas proezas de gran renombre; y eres conocido dentro de los conocidos. Sin embargo, aún tienes una prueba que cumplir. El caballero se turbó; su alma presentía mucho dolor en el camino (pues era sabio y previsor). Y respondió -Mi señor, he hecho para usted hazañas de gran valor; ¿A qué he de temer?- El Sabio turbó sus ojos, y bajó su mirada - Joven caballero, hay en tu destino un enfrentamiento; un caballero del mal cuya alma es pérfida y oscura; y vive en una cueva olvidad, alimentándose del odio y del dolor. -¡Pues, iré de inmediato, gran sabio! - Respondió el caballero - No he de permitir que un mal tan grande habite entre nuestras tierras y perturbe nuestros corazones! - A lo que el Sabio respondió con una mirada reprimente - No estás listo, joven caballero - Luego sonrió, de manera oscura - Si te enfrentases a él a hora, te consumiría por completo; pues tiene más poder que tu. El joven caballero bajó su mirada; ni su valor ni su sabiduría podían acompañarlo en la búsqueda; pues ni siquiera el gran Sabio podía aconsejarlo - ¿Entonces, está escrito en los hados que fracasaré, gran Sabio? El sabio calló. No conocía la respuesta. Luego de un tiempo, habló - Joven caballero, tu espíritu es templado, y tu mente es más filosa que tu espada; mas, para ser un verdadero caballero, te falta una armadura. El caballero fue invadido por pensamientos oscuros; en su camino a la sabiduría, había olvidado su objetivo. Aún a pesar de tener gran renombre y fama, aún no tenía armadura. -Pues, gran Sabio, conocedor de lo secreto y lo divino, vos debes saber donde puedo encontrar una armadura digna de mi estirpe - Las palabras del caballero eran altivas, y el Sabio ocultó su sonrisa, y respondió - Debes ir a una aldea muy lejos de acá; atravesar el pantano de la muerte, matar al dragón que lo custodia; enfrentarte a los demonios que salen del abismo, y luchar en tu mente con el mismo Lucifer; y luego encontrarás la aldea; y allá encontrarás tu destino. Él te guiará hasta la armadura, y hasta el caballero negro. El caballero partió con las bendiciones del Sabio, sin saber realmente donde iba; con gran valor se enfrentó a los peligrosos pantanos de la muerte; e hizo una cubierta con las escamas del dragón muerto. Sin embargo, lo que lo turbaba era su destino. Al llegar a los hados del averno, los demonios no lo atacaron; y lo recibieron como quien tenía con Satán alianza, y era por él honrado. Esto lo turbó aún más; y al llegar a la mazmorra más profunda del averno, encontró a Lucifer mismo. Él lo saludó de la siguiente manera - ¡Bienvenido el buscado que llega de improviso; el necesitado que llega en el momento indicado! El caballero quedó turbado por el recibimiento, y respondió - No tengo alianza contigo, Lucifer; y si de mi dependiese, morirías en este instante. Pero no puedo perder tiempo; he de buscar mi armadura. Lucifer dijo - Sé dónde y a lo que vas, joven caballero. Y puedo ayudarte.- Sus palabras atravesaban los oídos del caballero como cuchillos -¿Qué ayuda podrías prestarme, amo de las tinieblas, acaso yo la necesitase? -Joven caballero, tus palabras te traicionan; entiendo que no sabes donde vas, ni por que. Típico del Sabio; cuando sus juguetes dejan de entretenerle, los envía en búsquedas inútiles, que terminarán mal. -¡No hables así de el Sabio, inmundo demonio! -Dijo el caballero -Hablas mal de un conocimiento que está más allá de tu compresión, y solo la falta de entendimiento podría excusarte. -No estoy acá para discutir las intenciones del Sabio, joven caballero; sino para ayudarte en tu búsqueda- Sonrió con malignidad, y la feble resistencia mental del caballero caía rápidamente -Es más, te ofrezco lo que siempre quisiste; He de otorgarte esta armadura; que perteneció a un gran caballero en el pasado. Y sacó de un baúl una armadura negra con terminaciones de oro, reluciente como la primera estrella que cubre el manto nocturno, y sin embargo, era oscura como los ojos de la noche invernal. El caballero tembló; pues, tal vez, el Sabio no tenía razón. Y se vio a si mismo atormentado por todos los años que le pesaban encima, y por todos los temores que llevaba; y sin embargo, salió corriendo, dejó el abismo, y corrió; corrió hasta que su cuerpo no pudo más. La noche lo cubría como un manto, y su propia tiniebla lo acompañaba. Se convirtió el algo más bajo que un perro; y, hambriento, hacía presa en todo lo que se le cruzara. Renegó de su sabiduría, y maldijo al Sabio, de la siguiente manera -Te maldigo, gran Sabio -El cielo comenzó a llover, como acompañando su pesar -pues tu sabiduría fue insensata, y vana la mía; jamás encontraré la villa de mi destino; y la armadura que cargo es la que me ofreció Lucifer; ¡una negra y llena de odio! -Y lloró desconsolado; olvidó la piedad que había en él, y cayó como quien ha sido fulminado por un rayo. -Caballero, joven caballero; despierte - Una dulce voz sacó al caballero de su sueño. Abrió los ojos, y vio frente a él a la criatura más maravillosa que había visto. -¿He muerto, y por fin me vienen las Parcas a buscar? - La dama sonrió. - No, mi señor. Está usted en mi villa. Lo recogimos en la mañana; estaba desahuciado, pero hemos cuidado de usted. Lo encontramos junto a esta armadura; aunque está arruinada, y no creo que la pueda usar. El caballero cayó en sus pensamientos oscuros; "He caído; todo se ha acabado. Acepté la armadura negra, y ahora, mi alma es negra también. El enemigo al que debía enfrentarme, contra él he caído; el Sabio tenía razón. El enemigo era yo mismo" -En ese momento, miró la sonrisa de la dama; Y muchas arrugas de preocupación se le borraron, y no reaparecieron. -Dama del milagro, por favor, déjeme; mi hado está oscuro, y mancillo todo lo que toco; mi armadura es negra como mi alma -Y se puso a llorar. La dama lo abrazó, lo consoló, y lo miró extrañada -Mi señor, su armadura no es negra; su armadura es de lata; y está arruinada. Pero puedo arreglarla yo mismo; tan suave es, si tanto significa para usted. |
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